AMOR EN MODO DE SOL
Recorro las estancias d mi ensimismamiento,
me veo filósofo y necio al mismo tiempo.
Puedo saltar el Aconcagua
con un impulso displicente d mis dedos
o ahogarme absorto en una charca
q en la vereda una baldosa ha bostezado,
x algo soy humano,
un idiota q se cree inteligente.
Revuelvo en mis neuronas
tanto dato muerto,
pero a la luz no me acerco.
No veo el qímico destello del acierto,
tan sólo el fugaz trazo d lo incierto.
Voy errando d zona en zona,
abotagadas d neurótico estiércol;
obligado a saltar simas y cercos
para salir d éste alienado y gris desierto.
Voy lacerándome en éste laberinto insano
con mas llagas en la razón q en las manos,
hasta q en medio d un pantano un árbol seco
llora mi savia heredad con un bordó grotesco.
Me le trepo y le lamo las heridas
y con mi lengua voy sellando los huecos d mi vida.
Sopla pues, un viento q me alegra y me enfurece,
qema el frío con su mal q me enloqece.
El sol ¡El Sol!... es mi único deseo,
divino fuego q a mi piel es prende
y me desnuda y me la desprende
y me penetra con su amor sincero.
¡Febo, Yemesh! Sagrado y puro Fuego.
Sé mi amado protector
como en Madián y Jericó lo fuiste para Josué.
Desde las tronchadas ramas
d mi árbol genealógico.
Yo te perdono Yabatai Zví,
tu desqicio psicológico
x tanta penuria sobrehumana,
pero me vuelvo a Tesalónica
y orarè una Amidá en arcaico yudezmo
y he d 'bendichir' con mil Yemás
el santo nombre q burlaste.
Ahora sí con mi jardín en paz
obraré la sutil cera secreta
con la mística-espagírica receta
q a mi hermano Ícaro ascendió,
y una vez allí, en el instante veraz
en la superficie radiactiva del Sol
me fundiré en un coito ectoplasmático
con el aspecto heliotrópico d mi amor.
(8/7/2004 - 13:50)
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